Al regreso de mis vacaciones en Bolivia y Perú, decidí abrir otro espacio para seguir compartiendo. Así que quienes quieran seguir husmeando por aquí, encontrarán un sendero sin huella .
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… reza una antigua bendición irlandesa. Les dejo de regalo algunas fotos de mi jardín, a quienes asiduamente pasaron por aquí, unas 30 o 40 personas diariamente, a veces más.

No sé cuándo volveré a escribir en este sitio. Si abro otro, aviso. (Quienes me han leido intuirán algo).
En enero me espera la región andina, los pueblos de Bolivia, el salar de Uyuni, Perú y el Cuzco. Falta poco para llenar mis pies, mis ojos, mi corazón de tanto y tan entrañable legado. Haré también una mejor organización de los posts para quien quiera recorrer esta pequeña partecita de un trayecto de mi vida.

Mi mail, sabido está, march1973@ciudad.com.ar. Hasta la próxima primavera!
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El sábado en la revista Ñ publicaron una entrevista a José Saramago. Me contagió esta frase:
“Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada”.
De mi parte, nada para agregar.
Hoy es el día de la madre, y yo me quiero acordar de vos, que ya estás en otro tiempo y lugar, aunque a mi lado siempre. Te recuerdo recordando a uno de tus poetas preferidos, y al poema que en uno de esos posters de tu juventud y mi niñez llenaban nuestra casa de luz…
Tus hijos
Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.
Khalil Gibran
“No es el ángulo recto lo que me atrae,
ni la línea recta, inflexible, creada por el hombre,
sino la curva libre y sensual.
La curva que encuentro en las montañas de mi país,
en el curso de sus ríos,
en las olas del mar,
en las nubes del cielo,
en el cuerpo de la mujer preferida.
De curvas está hecho el universo…”
Oscar Niemeyer
Archivado en: Desde el pie, General | Etiquetas: América, etnias latinoamericanas, identidad cultural, resistencia
Herederos de un despojo. Usurpadores de una tierra sin alambradas ni cercos. Impostores y falsos vendedores de la genuina utopía de una tierra sin males, de la patria grande, de una creación entera para todos los seres humanos.
Esta tierra ya no hace silencio. Ellos, los otros, están vivos. La memoria colectiva los retuvo para siempre, aunque los medios se empeñen en mostrarnos que son los “salvajes” sin educación, sin salud, sin viviendas ni vestidos como los nuestros. Aunque en las ciudades muchos de sus descendientes duerman en la calle.
Muchos ahora están allá, desde donde vino la horda, sus rostros se entremezclan con tantos que llegan a buscar, con su trabajo, tras los muros de la frontera, algo de lo que les han robado.
“A la llegada de los europeos al continente americano, estas tierras se encontraban habitadas por un abigarrado mosaico de culturas, desde el ártico hasta Tierra del Fuego, pueblos con distintos grados de desarrollo poseían complejas relaciones interétnicas entre ellos. Pero a partir de la visión europea estos pueblos se convierten en el “otro”, reduciendo la vasta variedad de culturas a “indios”, y asumiendo entre ellos un grado de homogeneidad cultural que no existía.
A quinientos años de esta concepción de los pueblos originarios de América, ¿Qué ha sido de las etnias herederas de tales culturas, y en qué medida la visión occidental ha cambiado su visión de ellas? Al parecer el tenor que marcan los Estados Nación no es más flexible de lo que era entonces, y en la mayoría de los casos se convierte en imperativo la abdicación de la identidad en pos de la integración a la sociedad. ¿Es viable continuar con una lógica cultural excluyente en un continente culturalmente tan rico como América? ¿Podrán las lenguas, costumbres y cosmovisión de estos pueblos sobrevivir a los agresivos modelos de occidente?”
(De: http://latinoamericanos.wordpress.com)
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Todavía tengo capacidad de asombro y …
Buscando algo de Anthony de Mello , un jesuita sabio que vivió en la India, me encontré primero con el sitio en el cual el vaticano condenó sus escritos en 1998, firmado por el Card. Ratzinger.
Se me dio entonces por dar una vuelta por la página oficial del vaticano, y me encuentro entonces con una parte de esta página, la de la Tienda, el shop digamos. ()
Si miran bien, hay un carrito de compra que dice
“Su cesta de compra actualmente está vacía.
Seleccione un producto y añádalo a la cesta.”.
Se puede pagar con Visa o con Mastercard. Cada cual puede adquirir monedas, sellos o artículos del museo vaticano; una moneda de valor nominal de 50 euros, por ejemplo, del pontificado de Benedicto XVI, edición 2006, cuesta unos 400 euros.
Dando al apartado de Museo Vaticano, se despliega una lista de artículos en inglés, donde, entre otros, se encuentra una serie de “Luxury Editions”.
De mirar tanto me dio ganas de no mirar más. Me acordé de un joven rico que se acercó a un maestro hace unos dos mil años a preguntarle qué tenía que hacer para alcanzar la vida eterna… y el maestro le dijo “vende todo cuanto tienes, reparte el dinero a los pobres, después sígueme…” qué loco este maestro. ¿Qué cosas absurdas se le ocurrían no? O esa historia que escuché más de una vez de que nació en un pesebre porque no había lugar para él y sus padres en ninguna posada. Pero en fin, qué bueno que el vaticano tiene su tienda, los inmigrantes ilegales en Europa cruzados en balsa ya tienen dónde comprar las medallitas del papa. Ah, no, cierto, no tienen tarjeta de crédito porque son ilegales. Qué absurdez la mía.
Archivado en: como agua entre los dedos... el amor
…porque mañana ya es hoy en tu horizonte…
… y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.
Benedetti.
Archivado en: Desde el pie, Pequeños sentidos, como agua entre los dedos... el amor, país, gentes, historias | Etiquetas: descanso, mirada, recuerdo, ruido, vida cotidiana, voz
Lunes, mis alumnos, el sol, el campo. Por la tarde clases para mí, “Las representaciones sociales”, y descubrir una vez más que nos engañan, que los medios nos ocultan.
Martes, las guarderías. Los chicos que pocos asisten. Un Estado ausente, inequidad, chicos que no aprenderán de la misma manera que otros, simplemente porque nacieron en un lugar equivocado, parece ser, se empeñan en que creamos eso. Clases por la tarde. Un llamado a la noche con la posibilidad de un trabajo nuevo, mejor remunerado.
Miércoles, hablemos de las Enfermedades de Transmisión Sexual y de las adicciones, y te asomas a mis ojos y me asomo a tus preguntas, y te sentás al lado mío así atendés la charla. Los chicos y las chicas otra vez. Y los folletos con parejas de todo tipo, qué adelantados estamos aquí. Clases por la tarde. Completar ese curriculum que ya tiene 5 hojas y me agobia a mis 34 años. Clases por la tarde, los tobas, los invisibles, los políticos y sus estrategias de marketing.
Jueves, lo del trabajo. Paro recordando a Fuentealba. Biblioteca a la tarde, clases, ruido.
Viernes, el campo de nuevo. Celebración, cantos, procesión. Ritos que pierden vertiginosamente su significado y ellos tan empeñados en mantenerlos a toda costa. Por la tarde, el deseado descanso. Ya cobré el sueldo, pasó un mes más.
Sábado y descanso, la semana fue correr y correr, sentir y pensar todo al mismo tiempo, y que así es fin de año, y que se vienen los padres a ver qué pasa con sus hijos, tan buenos, tan estudiosos.
En la maraña, en este correr y correr, tu voz cada día, un ratito, un rato y horas en el mesenger. Qué te estás preparando para la cena, cómo te fue en el curro, cómo estás, cómo estás, cómo estásssssssssssss!!! Cómo estoy, cómo sigo mañana con tu caricia virtual, cómo pasa el tiempo y qué suerte que así sea. Y te extraño y me acurruco a tu sonrisa, a tu imagen dentro mío. Y de a poquito, desentraño la maraña, te vuelvo a mirar, tu voz se hace lugar y ya no hay más ruidos. Y ya está, puedo volver a empezar.
Ya es tarde, se me cierran, casi, los ojos. Tanta vida hoy. No quiero irme a dormir sin dejar-te-me escrito que algo cambió y algo está cambiando en mí. No es la primera impresión, no es el revoloteo de las mariposas(aunque también). Va teniendo el color de lo cotidiano.
Va quedándose conmigo porque brota de mí, y estoy dejando que así sea. Va dejando su estela. Va imprimiendo una huella. Va dejando ver, como a través de un vidrio esmerilado, un poquito más allá. Una intuición. Una sospecha. Un brote germinal. Me está pasando algo.
La pregunta para mí es una de las realidades de nuestro lenguaje más abrumadoramente humana: la pregunta es horizonte abierto, es fragilidad, es vulnerabilidad a lo nuevo, es el reconocimiento certero de la más íntima certeza, la certeza de la incerteza.
Y me gusta la pregunta en castellano, sí, la que tiene dos signos, que es pregunta desde el comienzo hasta el final, toda ella ignorancia, toda ella no-saber.
No todas las preguntas son preguntas en realidad, están las preguntas que contienen respuestas, están las cargadas de un “deber ser” inmutable, están las preguntas preocupadas, atadas, despojadas de libertad. No, esas no son preguntas. Las preguntas suponen, a priori, un despojo de sí. Las preguntas no son demandas, sino ofertas. Ofrecimiento de sí a la sorpresa, a la novedad, a lo inconcluso, a lo incompleto, a lo no-pensado.
Estoy enamorada de la pregunta y de las preguntas. Y, ¿cuáles son mis preguntas?
Encontré este texto, por ahí:
Para los hombres del sur, el lapacho es imagen de dureza y resistencia. Con su madera se fabrica aquello que debe soportar la intemperie y los atropellos de la fuerza animal. Las mejores tranqueras son de lapacho, lo mismo que los bretes y las mangas.
Pero el hombre del sur conoce de éste árbol, solo su madera. Es decir, lo ha visto despojado de toda su realidad natal, desnudo en su escueto servicio. Para el que no conoce el lapacho más que en su misión, su principal cualidad es la resistencia y la dureza de su madera que no se pudre.
Y sin embargo no hay cosa más tierna que el lapacho, cuando se lo va a encontrar entre los montes misioneros. Es un árbol esbelto, femenino en su talle. De hojas suaves y luminosas, que el viento mueve casi sacándoles un gesto humano. Su copa se abre allá arriba como un rostro sobre un tronco sin desperdicio y sin espinas.
Y en septiembre, el lapacho es una niña quinceañera. Antes de recuperar sus hojas, se viste todo de rosado en un reventón de flores que regala en abundancia, embelleciendo la geografía que lo acoge. Es el centinela de los montes, que descubre antes que los demás la llegada de la primavera. Lo que el Jacaranda es en azul , el lapacho lo es en sonrojo. El invierno lo despoja de sus hojas pero antes de volver a vestirlo, la primavera le regala toda su ternura que sólo la selva virginal puede entregar a sus criaturas.
Es un árbol que crece lento. No tiene apuros. Sabe esperar en la fidelidad de sus ciclos, viviéndolos uno a uno con intensidad, tanto en sus desnudeces invernales como en sus derroches de vida. Su madera se va haciendo lentamente por eso logra ser tan resistente. No necesita ser descortezado como el quebracho su resistencia le llega hasta la piel. Cuando se entrega, se entrega entero.
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Sí, se parece a ella!!! es una tira de Elenapuntog, pero parece que la retrataron che!
