El lunes de nuevo a trabajar. Ya Córdoba se ha llenado del ritmo de quienes volvieron de sus vacaciones, de quienes no tienen vacaciones, de quienes no las tendrán… se amontonan en el centro de la ciudad, esas benditas sendas peatonales donde convivimos todos, la calle San Martín, ahora llamada el “shopping de los pobres”; espacio público, donde es posible cruzarte con quien nunca hubieras pensado, aquel compañero de la primaria, aquel pariente que hace tantos años no ves…
En el medio, la plaza San Martín, donde tantos vamos a sentarnos un rato simplemente a mirar quién pasa, a disfrutar ver a los chicos jugando, a los ancianos caminando lentamente, a los abanderados de la dignidad que caminan alrededor de la estatua central con sus banderas de denuncia, asi sean cientos, decenas, o tan solo ocho… esa plaza con variedad de árboles, con lapachos…
El lunes me toca volver al ritmo normal. Retomar esa especie de melodía de mi cotidianeidad docente. Las luchas, las broncas, las alegrías, las anécdotas, las risas de algunas clases y del recreo, los cansancios, las madrugadas, esas historias que vamos entrelazando grandes y chicos, esas sorpresas a la vuelta de la esquina, la oportunidad de festejar y alentar los nuevos amores de mis alumn@s… las ocasiones de poder acompañar algunos dolores, el desafío de impulsar que otros gusten el asombro de encontrar llaves de un conocimiento liberador y esperanzador…
Después de todo (porque estas vacaciones están muy, muy buenas…), ¡qué bueno retomar el trabajo!
Archivado en: como agua entre los dedos... el amor
Hoy, que pasamos tanto tiempo juntas, decidí dejarte ahí dormida entre mis sabanas blancas (las que estrenamos juntas) y escribirte un poco. Para que lo veas mañana, un rato después de despertar.
Te dije que iba a volcar en mi bitácora eso de que me estás habitando. Irremediablemente estás aquí, dentro, todo el tiempo, te instalaste sin que me quede derecho al desalojo. Sacaste los cercos sin violencia, con esa delicadeza que te caracteriza, con ese respeto que me atrajo desde el principio. Te apropiaste del sitio que estaba vacío, sin más, sin explicaciones, incluso sin palabras. Entraste aquí sin darte cuenta! Tan despistadamente, tan distraídamente de tu parte… sin imaginar siquiera que te estaba mirando, buscando, deseando. Y yo que intentaba llamar tu atención de las maneras más … ¿cursis?
Mi cuerpo habla de vos. Mi oído se ha curado de tanto escucharte, “milagrosamente”, a decir de mi médico.¡Es que tengo unas ganas de vivir! Ya te lo dije muchas veces. Y la sonrisa que no se me quita de la cara. Y la luz en mis ojos que no se apaga.
Sí, ya sé, todo suena taaaaaan lindo… tan tontas que estamos… Hemos empobrecido nuestro vocabulario, otrora tan rico, a un 11 %… a tres frases… a dos verbos… ¡Horas diciéndonos las mismas cosas!
Es que personas como nosotras, tan “intelectualmente dotadas” (juaaaaaaa!!!!!) nos merecíamos largamente una historia como la nuestra, que comenzó así, casi como un juego, despojada de metáforas, desnuda de discursos, repleta de risas, simple.
Después, quizás, llegarán tiempos en que se asiente un poco todo, en que recuperemos algunos de nuestros comportamientos habitualmente cuerdos. Mientras tanto, mientras dormís, dejame disfrutarte así.
