Qué bueno que hay cosas que me desenrollan. Cuando no puedo tener las variables de mi vida controladas, me hago un ovillito, me meto pa´dentro, y a encontrarme… qué desafío.
Pero allí estás invitándome otra vez al diálogo, desnudándome, descubriendome, sacándome de mi escondite. Esa sos vos y algunas personas que tienen ese maravilloso don de espantar fantasmas con sólo mirar o con sólo pronunciar una frase, una pregunta…
He estado las últimas tres horas dedicándome a algo extremadamente sencillo: permanecer sentada junto a mi hermana, recién salida de una cirugía, y hacer un poco de aire todo el tiempo con una carpeta a modo de abanico para aliviarle el calor. Aproveché el momento para darme cuenta de eso, de lo que estaba haciendo, de que no requería mucho de mí, y sin embargo sí . El tiempo dedicado a esto que continuará estos días me sacó fácilmente de las tontas controversias mentales que me armo. Controversias que maquino tan sólo… ¡por miedo a la inseguridad que me da arriesgarme a quererte!
Qué bueno, qué bueno que la vida se pone tan simple.
Qué bueno, qué bueno que existís y que existo para contarlo, ja!