En 1853 se sancionó la Constitución cuyo artículo 25 decía: “El Gobierno Federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes”.

Otra vez, dejo los comentarios a consideración de los lectores… perdonen la insistencia… hoy se me dio por estas cosas también.
Buscando fotos llegué a este sencillo cuadro que refleja el censo de 1914 en Argentina, como se puede ver, por cada tres habitantes uno era extranjero… ¿qué decir? A buen entendedor pocas palabras…
En los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del S. XX se producen ingresos de grandes grupos inmigratorios (con preponderancia de españoles, italianos y judíos), que se radican en el interior del país, así como también en barrios de Buenos Aires.
Sucede en este período una transformación en ciertos sectores de la sociedad argentina: Mar del Plata comienza a dar sus primeros pasos como ciudad turística, Buenos Aires se hace cada vez más cosmopolita, es la época de guapos y compadritos, del tango y el lunfardo, de la danza y la canción que nació orillera y fue ascendiendo; del tranvía y del conventillo…
| Censo Argentino de 1914 |
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| Población autóctona: 18.425 Superficie Total de la República Argentina 2.797.123 Km2 Fuente: Censo de 1914. Datos extraídos de “Historia Argentina” de Sintesoft |
Que me disculpen el tono, pero a veces tengo necesidad de escribir cosas como ésta que escribí hace un año…
El vacío son las preguntas nunca contestadas…
Ausencias prolongadas de personas que estuvieron… pérdidas.
Fracasos… lo que quise que fuera de una manera y no fue.
Aquí encuentro todo “lo que no está”, pero no aquello que nunca estuvo, sino lo que alguna vez estuvo y ahora no… lo que quedó inconcluso. Mis duelos. Baúl de mis tristezas y dolores.
Faltantes en la fiesta de mi vida … que quedaron en un lugar al que evito entrar… zona incontestable… incógnita perenne … soledad despoblada … memoria no-visitada.
Palabras, caricias, miradas que se borraron, que fueron pero ya no son… esa es la cosa, ya no son, ya no están… ese pedazo de no-ser sufrido como amenazante. Sí, “la belleza es el canto de una carencia”… pero hoy me resisto a esa belleza!!! Hoy sufro esa carencia! Hoy no la quiero mirar! Hoy te rechazo, vacío, incomodidad vital, insatisfacción, grieta abierta.
Hoy estoy en un momento de pérdida y me cuesta perder… y no quiero perder …
Pasa el bosque de palabras y acciones, ya el otoño se desprendió de ellas para resguardar la fuerza de la vida frente al frío.
Ahora estamos en invierno y es el tiempo del silencio.
Los árboles desnudos ocultan la savia que circula y pasan los días concentrados… en sí mismos? Pareciera … pero su corazón y su energía están puestos en la primavera que inexorablemente llegará.
Ahora es el tiempo del silencio, del aparente sin-sentido. De guardar dentro lo que nadie ve y que es lo que más vale.
El invierno parece triste, no hay nadie que defienda del viento y de las heladas a los árboles. Pero ellos se ocupan de defender su “adentro”. Porque un día volverán los niños, treparán sus ramas, jugarán. Volverán los jóvenes y bajo su sombra arrullarán sueños y amores. Volverá la gente a descansar incertidumbres y dolores en su verde generoso. Volverán los viejos y reflejarán su vida en las arrugas calladas de sus troncos.
Ahora estamos en invierno y es el tiempo del silencio. Y del amor sin premios.
Escrito en agosto de 2002…
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Esas son las palabras con las cuales alguien llegó hoy a mi blog. En mi caso, no puedo mantener casi este blog actualizado. Ni menos mantener a alguien, apenas se me da conmigo misma, con un poco de resto para emprender una aventura de vez en cuando a lugares lejanos.
No, no creo que encontrés algo aquí que te interese si entrás con esas palabras. ¿O quizás sí? Puedo mantener una conversación mas o menos interesante, y la verdad es que soy más de escuchar que de llenarte de vocablos. Puedo mantener una amistad por muchos años, cultivarla, cuidarla. Puedo brindarte un lugar en mi casa si estás de camino sin muchas pretensiones, habrá mate y seguro un buen plato de comida a la hora de la mesa.
Puedo regalarte algún brote de mis plantitas. Puedo hablarte por teléfono si lo necesitás, y seguro me preocuparé si tu voz me suena a tristeza, y te hablaré de nuevo. Puedo ir a visitarte aunque tenga que recorrer muchos kilómetros, te daré mi tiempo generosamente.
Bueno, tampoco soy lo que se dice una “señora”, aunque en la verdulería y en muchos comercios ya me digan así. Qué va a ser. Los años no vienen solos.
No sé lo que busca alguien que escribe “se busca señoras que mantengan”. Sospecho que no soy yo. Que te vaya bien con tu búsqueda, ignorado lector.

