He vuelto a mis clases, he vuelto a ver ya esa cantidad de adolescentes con los que trabajo. He vuelto a decir sus nombres y a mirar sus rostros. Estoy disfrutándolo.
Hoy, sanviernes, me levanté a las 5.00 hs. para viajar hasta mi lugar de trabajo. El recorrido esperado de los viernes. Tomo un colectivo, luego camino unas quince cuadras (1500 mts) por camino de tierra. Veo el trigo sembrado, patos, gansos, pavos todavía durmiendo, escucho gallos saludando; comparto el trecho con algunos de los chicos llegando en bicicleta y otros en sus autos, con sus padres. Cruzo un pequeño puente, escucho el río entre las piedras. Llego cuando está amaneciendo. Regalos que la vida me hace cuando se despierta.
Siempre he querido dejar una huella, un rastro, un sendero aunque fuera casi imperceptible. Sin embargo, constato que no soy yo. Son ellos y ellas los que escriben en mí, los que dejan su huella. Y yo aprendo, paso a paso… aprendo eso, que vivir es paso a paso.